Crónicas

Volver a la realidad desde la realidad que nos rodeaba

El retorno de las actividades presenciales como el trabajo, la universidad o el colegio pueden traer repercusiones monetarias, mentales y de tiempo para personas que les es más fácil seguir desde el teletrabajo. El retorno de una cotidianidad que excluye los cambios durante la pandemia, puede plasmarse como una violencia para algunos, dado que estar presencial ya no es una opción. 

Por: Elisa Correa Vargas.

Diseño: @Elif-Demir.

La violencia se materializa de distintas formas, volver al campus universitario y  perder 4 horas de tu día desplazandote es un ejemplo de violencia cotidiana. Esta se intensifica con el tráfico y la inseguridad, generando estrés en las personas. Felipe y Sebastian son estudiantes de dos universidades distintas en la ciudad de Bogotá. La presencialidad para ellos no ha sido fácil, y una semi presencialidad ya no es una opción.

Volver a la presencialidad ha sido una experiencia diferente para todas las personas alrededor del mundo, muchxs han disfrutado volver a sus colegios, universidades y oficinas, pero muchxs otrxs no. Se puede decir que existe una asunción de que la presencialidad es lo  mejor para todxs, para estudiar, trabajar, etc. Sin embargo, una enseñanza que dejó la pandemia, es que un poco de virtualidad puede facilitar el ritmo de muchas vidas.  

Antes de que en el mundo se conociera el COVID-19, ya se había empezado a hablar del teletrabajo. El trabajo o el estudio son mucho más que el simple hecho de realizar una tarea específica. Ir a la oficina o la universidad implica tiempo, dinero, transporte, almuerzos, etc. Como lo mencionó la autora Lourdez Arce Espinosa, Vicerrectora Ejecutiva y Enfermera máster en salud ocupacional de la Universidad a distancia de Costa Rica, en uno de  sus artículos: “Los desplazamientos y congestionamientos viales, la poca flexibilidad horaria y la pérdida de tiempo en desplazamientos” generan estrés, “factores que se encuentran ausentes en el teletrabajo, por lo que, al implementarlo, el nivel de estrés percibido en las personas es menor”. Este es el caso de Felipe* y Sebastian*, dos jóvenes de 22 años, estudiantes de dos universidades distintas en la ciudad de Bogotá, quienes se han visto afectados por el regreso obligatorio al campus de maneras distintas.

Felipe es estudiante de octavo semestre de Economía y Administración de la Universidad de Los Andes, y para él, el regreso al campus implicó la renuncia a su trabajo. “Yo tuve que renunciar porque el tiempo que me quita la presencialidad era el tiempo que yo usaba en trabajar, son dos o tres horas más diarias, sin duda las que uso para desplazarme”. Felipe nos cuenta que trabajaba como analista de datos  en un startup latinomericano, nos dice que era un buen trabajo y  que aprendía mucho. Desde principios de este mes, después de intentar ver 21 créditos de la universidad y trabajar a tiempo, decidió que lo mejor era renunciar. 

 

“Yo no digo que deba existir una virtualidad total, claro que no, pero si considero que como sociedad tenemos que darnos cuenta que un intermedio es también una excelente salida, hay muchos cursos que se dictan de forma virtual, y por su contenido o dinámica son igual de buenos a si se dictarán de forma presencial”, nos cuenta Felipe con un poco de rabia. 

 

Más allá de la renuncia a su trabajo, Felipe nos cuenta que el regreso al campus como tal le ha causado mucho estrés, y esto ha afectado no solo su desempeño académico si no sus relaciones personales: “para mí la presencialidad este semestre implicó un desgaste grande. Este semestre he adelgazado tres kilos, almorzar en la universidad me quita aún más tiempo y además, no considero que sea muy saludable. Esta es otra de las razones por las que renuncié, me estaba enfermando.” Felipe siempre ha sufrido de gastritis, en estas primeras semanas universitarias la enfermedad lo ha obligado dos veces a visitar el médico, pues el estrés académico, sumado al trabajo y a los nuevos horarios presenciales, empeoraron su enfermedad, afirma.

Su propuesta es una semipresencialidad, “sé que hay clases que deben ser vistas de manera presencial, pero estoy seguro, como estudiante, que hay muchas otras que no deben ser vistas de forma presencial.” La realidad, es que el gobierno ya tomó una decisión. Como se dice un informe del ministerio de educación, para septiembre del año pasado ya el 80% de las instituciones educativas habían vuelto a la presencialidad. Al día de hoy seguro esa cifra es mucho más alta. Lo curioso es que en ningún lado se habla de la opinión de lxs estudiantes. Una historia muy similar vive Sebastián.  

Sebastián es estudiante de sexto semestre de ingeniería de sistemas de la universidad de La Salle de Bogotá, y su visión es un poco diferente a la de Felipe. “Yo pienso dos cosas, por un lado entiendo mucho mejor las clases de forma presencial, pero por el otro la presencialidad implica gastos y tiempo que antes me ahorraba”, nos explica Sebastián mientras nos cuenta su propia experiencia: “yo vivo en la calera, con mi papá y mi abuelo, y todavía existe para mí el miedo constante de contagiar de covid a mi familia, sé que hay vacuna, pero mi abuelo es una persona de edad con distintas comorbilidades”, dice con un poco de angustia. 

Hace mucho tiempo se acostumbró a desplazarse desde La Calera a Bogotá en su moto, sin embargo, desde que regresó a la presencialidad se estresa en perder tanto tiempo desplazándose, y nos dice serio “me canso mucho más, entonces además de rendir menos en el estudio, tengo menos tiempo para estudiar”. 

“A mí me gustaría que existiera la opción de ir o no presencial, la infraestructura ya está para que las clases puedan ser grabadas, ¿por qué no usarla?” propone Sebastián, aunque acepta que existen varias clases que por su complejidad si le gustaría ver presencial. 

 

Estos dos estudiantes viven el regreso al campus de forma distinta, y está claro que  existen muchos estudiantes que prefieren la presencialidad completa. Como Sebastián y Felipe hay muchos otros que sufren el estrés y las consecuencias del regreso al campus. 

Alberto Correa, médico pediatra con estudios en psicología adolescente, graduado de la Universidad de Caldas en Manizales y especialista de la misma,  nos cuenta un poco sobre las implicaciones que el estrés puede tener en una persona.

«Como Sebastián y Felipe hay muchos otros que sufren el estrés y las consecuencias del regreso al campus».

“No hay una causa única para sentir estrés, todas las personas procesamos en nuestra mente de forma distinta una misma situación. Lo que para mí puede ser muy estresante, para alguien más puede ser una conducta  o situación completamente normal” explica Alberto, en palabras sencillas, lo que es el estrés: “el estrés se materializa en el cuerpo de diversas maneras, hay gente que le da hambre, hay gente que se le quita, hay  gente  que  sufre reacciones más físicas como el dolor de cabeza y la gastritis”, concluyendo que esta sensación en extremo puede causar enfermedades físicas y está relacionado a casos de depresión adolescente.

Lo  que cuenta Alberto no debe ser tomado a la ligera, la realidad nos muestra que las enfermedades de salud  mental en niños y adolescentes es un tema cada día más cobra mayor relevancia: “siempre digo que el estrés moderado puede ser un gran motor para lograr muchas cosas, pero tener un estrés moderado es difícil. La realidad es que muchos jóvenes sufren de niveles altos de estrés con todo lo que esto implica en el cuerpo y la mente” concluye Alberto. 

Como lo mencionó la autora Lourdez Arce Espinosa, Vicerrectora Ejecutiva, y Enfermera máster en salud ocupacional de la Universidad a distancia de Costa Rica, “numerosos estudios sobre el teletrabajo han demostrado que los beneficios para las organizaciones y los empleados son múltiples; estos incluyen el aumento de la satisfacción laboral y una disminución del estrés”. Razón por la cual “las organizaciones han asumido un papel activo en su implementación porque los empleados satisfechos y menos estresados son más productivos” (UNED, 2020)  

Es difícil llegar a un acuerdo sobre la presencialidad, esta es una discusión que se está teniendo alrededor del mundo, pues son muchos los trabajadores y estudiantes que piden un tipo de virtualidad a gritos. No es claro que una virtualidad completa sea el mejor camino, pero tampoco lo es que una presencialidad obligada lo sea. En un mundo post pandemia, este es un debate que debe tenerse, pues es una violencia silenciosa cambiar el estilo de vida que se nos impuso, probar sus ventajas y perderlas por regresar al campus.