Crónicas

Abogada de los 50s
Vs
Abogada en el 2022

La historia está basada en una mujer en el año 1958, en donde estudiar, y especialmente derecho, era para los hombres privilegiados de la sociedad. La crónica, busca resaltar las micro-agresiones que reciben las mujeres desde los años 50 hasta hoy en día por parte de las instituciones y sus allegados como profesorxs o estudiantes

Por: Valeria Carbonell

Diseño: @IntoAction; @amplifierart

Entre 1958 y 2022 hay 64 años de diferencia y aunque suena una eternidad parece que no ha sido suficiente para acabar con la violencia de género que sufren las mujeres que son parte de un entorno laboral dominado por hombres.

Martha fue de las primeras mujeres que se graduó como abogada de la Universidad Javeriana en una época en la cual no era bien visto que las mujeres fueran a la universidad y aún menos que estudiaran derecho, una carrera dominada por los hombres. Hoy en día su nieta sigue sus pasos estudiando derecho, sin embargo, la situación para las mujeres en el ámbito académico y laboral no ha cambiado tanto a pesar de han pasado más de 60 años entre ambas generaciones (de 1958 al 2022). Aquí nos cuenta su historia:

Yo era la mayor en mi casa, entonces siempre supe que además de una enorme responsabilidad académica tendría la responsabilidad en casa de ayudar a mi madre soltera a criar 8 hijos. Desde pequeña siempre me gustó mucho el colegio y gracias a mi papá nunca tuve la duda de si iba a ir o no a la universidad. Lo que no sabía era la magnitud de los obstáculos a los que me iba a enfrentar durante mi carrera universitaria. Sabía que quería ser abogada y también sabía que para una mujer en 1950 eso no iba a ser fácil, pero igualmente decidí aplicar a la Universidad Javeriana en Bogotá. En el primer semestre éramos 10 mujeres estudiando ciencias jurídicas y nos graduamos la mitad. 

«En el primer semestre éramos 10 mujeres estudiando ciencias jurídicas y nos graduamos la mitad»

Desde el inicio a las mujeres nos dejaron muy claro en la carrera que no pertenecíamos ahí, la misma institución y los profesores se encargaban de recordarnos que el rol de la mujer en la sociedad era otro y que lo que estábamos intentando hacer no era bien recibido. Siempre tuve el contraste de un ambiente que no quería vernos triunfar como mujeres, el cual en este caso era la universidad, y otro que quería verme cumplir mis sueños, mi casa. Decidí quedarme con la perspectiva que me daban en casa donde finalmente nos graduamos cuatro abogadas y una ingeniera civil; cuatro mujeres en áreas dominadas por hombres. 

 

Eran micro-agresiones y comentarios que pretendían “ponernos en nuestro lugar”. Recuerdo un profesor que hablaba únicamente refiriéndose a los hombres de la clase, ignorando por completo la presencia de varias mujeres estudiantes en su salón de clase. Éramos invisibles para ellos. Cada día se aseguraban de recordarnos que lo que estábamos intentando conseguir no era para nosotras, nos criticaban por no estar dedicándonos a las labores de hogar y cuestionaban nuestro futuro porque creíamos posible tener éxito como abogadas profesionales. Para ese entonces, era casi imposible que una mujer lograra entrar a trabajar en una firma, y si entraba lo más probable era que nunca lograra llegar a un cargo importante, sin importar cuánto trabajara. Confieso que cuando me gradué ya me encontraba comprometida y por esa razón nunca se me pasó por la cabeza ejercer como abogada o dedicarme al derecho. Me gusta pensar que no litigué por elección mía, pero lo más probable es que no hubiera conseguido un trabajo en el que tuviera posibilidades de desempeñarme a largo plazo. Por alguna razón mi diploma universitario valía menos que el de un hombre.

 El mundo del derecho no es un mundo hecho para las mujeres, toca meterse a la fuerza y pelear para quedarse. Existe la creencia de que hay ciertas carreras o ciertos trabajos que son exclusivos de un solo género y de que hay cargos que las mujeres sin importar sus cualidades no pueden ocupar. Las barreras me las impusieron a mi en los cincuentas y las van a seguir imponiendo porque es más fácil demeritarnos que aceptarnos. Hoy en día me siento orgullosa porque, aunque nunca ejercí como abogada soy de las pocas mujeres que a mi edad pueden decir que tienen un título universitario en un área dominada por los hombres.

«Me siento orgullosa porque, aunque nunca ejercí como abogada soy de las pocas mujeres que a mi edad pueden decir que tienen un título universitario en un área dominada por los hombres»

Sofía entró a la Universidad de Los Andes en el 2017, desde que tenía 8 años y jugaba a los abogados con sus abuelos sabía que quería estudiar derecho. Siempre le ha interesado el derecho penal y estando en una familia llena de abogados nunca ha parado de oír el típico “el derecho penal no es para las mujeres”. Eran constantes y repetitivos los comentarios de su familia de cómo debería dedicarse mejor al derecho de familia o al laboral porque el mundo penalista no daba la bienvenida a las mujeres. Hoy, a pocos meses de graduarse, luego de haber visto 8 clases enfocadas de penal, trabajar en el consultorio jurídico en penal, estar haciendo su tesis de grado en penal, ser monitora de penal y ser miembro fundadora del semillero de investigación de derecho penal procesal, sigue recibiendo recomendaciones de buscar otra área de especialización.

Hoy en día la situación es mucho más discreta de lo que era en 1958. Como estudiante de derecho, unx profesorx de la Universidad de los Andes no me va a decir que mejor me dedique a ser ama de casa, pero sí es normal oír un “no es común ver mujeres en paloquemao”. Ese tipo de comentarios que me hacen sentir como intrusa en un mundo de hombres donde no me quieren dejar entrar. Cuando estaba buscando trabajo y empecé a investigar firmas de derecho penal, descubrí que del top 10 de firmas de penal en Colombia la cantidad de mujeres que son socias se pueden contar con los dedos de una mano. Eso definitivamente no es porque no hayan mujeres penalistas en el país, es porque hay barreras que nos ponen para entrar. Existe una presión mayor frente a mi apariencia en las firmas, ya que se le da más importancia a mi físico y a mi atuendo que a mis habilidades y resultados; eso es violencia de género. Cuando entré a la carrera estaba impresionada porque sentía que éramos más mujeres que hombres estudiando derecho, sin embargo, a medida que decidí enfocar mi estudio en el derecho penal, vi como ese número se desplomó rápidamente, no sólo en estudiantes sino en profesoras. Nunca se me va a olvidar una vez que un primo abogado me dijo que al derecho penal no le gustan las faldas, comentario que además de machista me pareció discriminatorio. A veces no puedo creer que estemos en el siglo XXI y todavía existan personas (incluso cercanas a mí) que todavía me traten como trataban a mi abuela en 1958.

Sin importar cuánto creamos que la sociedad avanza, las mujeres siempre vamos un paso atrás y el mundo se encarga de recordarnos “nuestro lugar” imponiéndonos obstáculos en un mundo dominado por los hombres. El desarrollo académico y laboral de la mujer que se involucra en áreas dominadas principalmente por hombres se ve constantemente bloqueado por una barrera de género que busca seguir creando una violencia contra la mujer. En la actualidad, estadísticamente, más de la mitad de lxs estudiantes y miembros del sector legal son mujeres, solamente el 15% logra ocupar altos cargos[1]eso abre la duda de realmente que tanto han cambiado las cosas para las mujeres en el derecho si igualmente la brecha de género es enorme.

 

[1] https://www.larepublica.co/especiales/la-nueva-era-de-los-abogados/mas-de-la-mitad-de-las-abogadas-y-estudiantes-de-derecho-en-colombia-son-mujeres-3236208